nº71 - Agosto-Septiembre 2010

  • -Actus: Los Gigantes, MIMA
  • -Roatán: Felipe Barrio nos relata sus primeras experiencias en Anthony
  • -El Malakoff: Xavier Safont nos habla del buceo y la historia de este pecio.
  • -Entrevistamos a David Barrio, que nos guiará en una inmersión por Sardina del Norte.
  • -De Manado a Lembeh: lo mejor de Indonesia de la mano de Eco Divers.
  • -Maldivas: buceamos en el destino soñado desde el Southern Cross.
  • -Buceo a la británica: buceando en las canteras inundadas.

La magia del buceo

¿Quién, de pequeño, no ha creído en la magia? Recuerdo cuando me regalaron mi primer "kit de mago", cómo agitaba la varita en el aire mientras recitaba aquello del "Abra kadabra". A tales edades, la necesidad de creer en algo más allá de lo “real”, algo inexplicable y etéreo es una válvula de escape para nuestra imaginación infantil, tan vital para nuestro desarrollo como el calcio para nuestros huesos.
Sin embargo, maduramos rápido y al crecer, la fe en la magia se queda atrás y es reemplazada por la aplastante realidad de un mundo más prosaico.
Pero, los buceadores tenemos suerte...
Hace ya unos años leí: "Si existe magia en este mundo, ésta se encuentra concentrada bajo el agua". Al lado de este aforismo, la mágica imagen de un banco de tiburones martillo a contraluz. No puedo citar en qué libro lo encontré, pero sí estoy seguro de que la mayoría de buceadores estaríamos de acuerdo con el contenido de la frase. El mar es, para nosotros, un espectáculo de trucos y emociones visuales, enmarcadas en un refinado teatro que, empieza y termina con un telón azul. Durante lo que dura cada acto, que suele ser de una hora, el espectador se sumerge en un mundo donde las sensaciones se suceden una tras otra según van desfilando los protagonistas. Muchos de éstos instantes nos catapultan a aquella ilusión infantil, aquella que es incondicional y que necesita de muy poco para vivir.
Concluyo, por tanto, que la magia sí existe. Se encuentra concentrada en este segundo mundo intemporal, el subacuático, que no ha perdido su retórica. El buceo es nuestro puente entre esos dos mundos. Una herramienta con la que podemos aprender de ambos.
Y como espectadores de lujo, la obligada reverencia al final de la obra debería correr por nuestra cuenta.

Joel Ingalaturre



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